{"id":6353,"date":"2017-04-24T19:34:53","date_gmt":"2017-04-24T19:34:53","guid":{"rendered":"https:\/\/www.9h05.com\/?p=6353\/"},"modified":"2017-04-24T19:34:53","modified_gmt":"2017-04-24T19:34:53","slug":"descenso-ciudad-todos-contrarios-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.9h05.com\/es\/descenso-ciudad-todos-contrarios-2\/","title":{"rendered":"Descenso a la ciudad de todos los contrarios"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>I. Perd\u00f3name Se\u00f1or, porque he pecado<\/strong><\/p>\n<p>Mi nombre es Sebasti\u00e1n. Nac\u00ed hace treinta y tres a\u00f1os un d\u00eda como \u00e9ste en un poblado del centro oeste de Francia, a orillas de un r\u00edo de nombre impetuoso. Me he salvado por milagro, enti\u00e9ndase como quiera, por voluntad divina o por la fuerza bruta del azar. Quisiera poder decir lo mismo de los otros. No sobrevivi\u00f3 casi nadie, todo se fue por la borda. Para ser sincero, en el principio no vi c\u00f3mo se acercaba. Estaba aqu\u00ed, lo ten\u00eda todo bajo la vista, pero estaba como ciego. Impotente, despu\u00e9s, cuando ya entend\u00ed. Y entonces sucedi\u00f3, no hubo fuerza que fuera suficiente para plantarle cara. En el espacio de una fracci\u00f3n de tiempo (no podr\u00eda decir qu\u00e9 tiempo), todo se vino abajo. Tengo que contar mi historia para que nadie se olvide de lo que sucedi\u00f3, tengo que contar mi historia para que me entiendan, tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Debo decir que goc\u00e9 de una ni\u00f1ez sin problemas, aunque a veces con un poco de escasez. No es que no fuera feliz, sino que hab\u00eda d\u00edas en que hasta faltaba el pan. Vine al mundo en una familia mixta, como las llamamos en Francia: padre espa\u00f1ol, madre francesa, con dos hermanos, uno de los cuales tuvo mi madre con su primer marido. Abuelos que a duras penas entend\u00edan el franc\u00e9s: a la fuerza ten\u00eda que hablar en espa\u00f1ol con ellos o nadie se entend\u00eda. M\u00e1s tarde, en la escuela, brill\u00e9 por un comportamiento extra\u00f1o que despert\u00f3 en mi profesora sospechas de que era autista. Les\u00a0fue a contar\u00a0a mis padres que me negaba a hablar. No era del todo cierto, no es que me negara a hablar, sino que no ten\u00eda nada que decir. Se me olvid\u00f3 decir que nac\u00ed sordo, o al menos eso cre\u00edan porque no reaccionaba correctamente a las estimulaciones auditivas. Result\u00f3 que ten\u00eda hipoacusia bilateral (sordera parcial, en especial manera con los sonidos agudos) que no afect\u00f3 mi desempe\u00f1o acad\u00e9mico, sino que fue un punto de apoyo para m\u00ed. Disfrutaba ser diferente, desde todos los puntos de vista que ten\u00eda en esa \u00e9poca: familia mixta, deficiencia auditiva. En combo, era una especie de llave m\u00e1gica que me daba paso a un mundo imaginario en que no me faltaba nada. Sin lugar a dudas fue por eso que no sufr\u00ed en mayor medida los per\u00edodos de carencias que vivimos de ni\u00f1os con mis hermanos.<\/p>\n<p>Cuando mis padres fueron notificados sobre mi supuesto autismo, protestaron indic\u00e1ndole a la profesora que yo era un ni\u00f1o de lo m\u00e1s com\u00fan. Hablaba como nadie en casa. Acto seguido, me amenazaron (no recuerdo cu\u00e1l fue el tenor de la amenaza) y empec\u00e9 a hablar en clase. Ese d\u00eda, recuerdo que la angustia se apoder\u00f3 de m\u00ed al salir de la escuela. Buscaba a mi padre entre la muchedumbre esperando en las puertas y no lo encontraba. Cre\u00ed verlo en varias ocasiones, siempre con el mismo pelo (pelo corto negro con una mecha larga de pelo blanco, inmaculado). Estas visiones provocaron en m\u00ed una angustia insostenible, hasta que finalmente lo vi. Esa noche, me despert\u00e9 reviviendo en pesadillas aquel momento, una pesadilla que nunca se borr\u00f3 de mi memoria y regresa a m\u00ed de vez en cuando.<\/p>\n<p>Nos mudamos de casa unos a\u00f1os despu\u00e9s. Esta mudanza (algunos kil\u00f3metros m\u00e1s all\u00e1 de donde viv\u00edamos) se convirti\u00f3 en un drama insospechado en mi joven vida. Perd\u00ed todos mis puntos de referencia, creo que incluso perd\u00ed los puntos de referencia de mi mundo imaginario. Fue una implosi\u00f3n que se manifest\u00f3 de una forma tan po\u00e9tica como maligna hacia mis padres. Apenas instalado en nuestro nuevo hogar, preso de la desesperaci\u00f3n (me hab\u00edan dejado solo con mi hermano mayor), comenc\u00e9 a dibujar mariposas rojas en las paredes blancas reci\u00e9n pintadas. Para m\u00ed era la forma de expresar que mi mundo hab\u00eda desaparecido, se hab\u00eda esfumado, se hab\u00eda volado y no quedaba nada.<\/p>\n<p>Siguieron a\u00f1os normales y relativamente tranquilos, con pausas regulares en el pueblo natal de mi padre, en Espa\u00f1a, donde refundar\u00eda mi mundo imaginario y que no me dejar\u00eda nunca. Aparte de esto, fue una ni\u00f1ez de lo m\u00e1s normal y de lo m\u00e1s aburrida. Entraba a clases, sal\u00eda para el almuerzo, regresaba a clases y volv\u00eda a casa para hacer los deberes. Mis resultados siempre fueron buenos, a veces muy destacados, por lo que mis padre se sent\u00edan aliviados y satisfechos. Para mis hermanos no fue lo mismo. Gaetan, mi hermano mayor, sufri\u00f3 mucho la desaparici\u00f3n de su padre. El hermano del medio, Albert, sufri\u00f3 las consecuencias de un sistema escolar que premia solo a quienes son medianos en todo o destacados en todo, y \u00e9l no era bueno en matem\u00e1ticas. No es que le fuera mal despu\u00e9s, sino que la escuela sabote\u00f3 su potencial.<\/p>\n<p>Fui el primero y \u00fanico miembro de mi familia en ir a la universidad. Para mi padre, era un orgullo poder decirle a sus amigos y compa\u00f1eros de trabajo que su hijo estudiaba en la universidad. Al comienzo era un estudiante normal, con resultados normales y comportamiento normal. Luego, con el paso de los meses y la paulatina deserci\u00f3n de las aulas por la mayor\u00eda de los estudiantes, empec\u00e9 a interesarme cada vez m\u00e1s a mis estudios. Mi tiempo estaba dividido en tres: estudio en clase, estudio en la biblioteca y estudio en casa. Fue el descubrimiento de infinitas posibilidades: nuevas literaturas, nuevos idiomas tambi\u00e9n, nuevas formas de pensar. Toda esta novedad no hizo sino multiplicar mi pasi\u00f3n por lo que hac\u00eda. Me gradu\u00e9 con muy buen promedio\u00a0y con la consideraci\u00f3n de mis profesores.<\/p>\n<p>Para poder pagar mis estudios que estaban fuera del alcance de mis padres, trabajaba todos los veranos en el mantenimiento de los vi\u00f1edos de la regi\u00f3n, y luego hac\u00eda las vendimias. Los cosechadores cargaban los racimos de uva que cortaban en un canasto fijado en mis hombros que deb\u00eda llevar al tractor al final de la plantaci\u00f3n. Entre idas y vueltas, conoc\u00ed a Daniel, otro cargador, quien se har\u00eda buen amigo. Para desviar la atenci\u00f3n del dolor de espalda continuo que ten\u00edamos, con nuestros cuarenta kilogramos cargados en la espalda, habl\u00e1bamos desenfrenadamente de todo y nada. Daniel se hab\u00eda ido seis meses antes de pasant\u00eda en Colombia, en el marco de sus estudios de remediaci\u00f3n ambiental. Tras finalizar la pasant\u00eda, con uno de sus amigos decidieron ir m\u00e1s al sur a conocer un poco m\u00e1s del continente. Pararon en una peque\u00f1a ciudad al pie de un volc\u00e1n que acababa de reactivarse, en donde se hicieron muy amigos de un grupo de estudiantes de derecho de la capital ecuatoriana, que tambi\u00e9n estaban de visita.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>II.\u00a0Esta Escritura, que acab\u00e1is de o\u00edr, se ha cumplido hoy<\/strong><\/p>\n<p>Daniel me puso en contacto con Emilia, una de sus amigas ecuatorianas, con quien conversaba de forma seguida. Recuerdo que nuestro primer tema de conversaci\u00f3n fue la literatura. A pesar de estudiar derecho, era una chica con una pasi\u00f3n genuina por la literatura, tanto universal como la de su pa\u00eds. Me hizo conocer a muchos de los escritores de su pa\u00eds y encontramos en Jorgenrique Adoum una fascinaci\u00f3n com\u00fan. Esta fascinaci\u00f3n fue el despertar de algo m\u00e1s que se revelar\u00eda con el tiempo.<\/p>\n<p>Quer\u00eda tener en mis propias manos \u2014y tambi\u00e9n poseer\u2014 uno de los libros de Adoum. En nuestras conversaciones por internet, Emilia me hab\u00eda enviado numerosas citas, p\u00e1rrafos seleccionados y relatos de Adoum que fueron como una revelaci\u00f3n para m\u00ed. Esto hizo que empez\u00e1ramos un intercambio epistolar frecuente. Me mand\u00f3 los poemas de Jorgenrique Adoum, que le\u00ed una y otra vez. En agradecimiento, le mand\u00e9 flores secadas. Todo continu\u00f3 en una gradaci\u00f3n de consideraci\u00f3n uno para con otro. No podr\u00eda decir si fue nuestra fascinaci\u00f3n com\u00fan por la poes\u00eda lo que nos reuni\u00f3, lo \u00fanico que ten\u00eda claro en este momento es que rebosaba de un sentimiento que no hab\u00eda sentido en esa intensidad antes.<\/p>\n<p>Meses despu\u00e9s, decidimos que ir\u00eda a visitarla en su pa\u00eds. Y as\u00ed fue. El diez de julio de hace ocho a\u00f1os, me desped\u00ed de mis padres, me fui al aeropuerto y me sub\u00ed al avi\u00f3n. No estaba seguro de lo que esperaba. Sencillamente, creo que las expectativas seguras que ten\u00eda era visitar el pa\u00eds bonito que hab\u00eda visto en las fotos que Emilia me enviaba. M\u00e1s all\u00e1 de esto, no sab\u00eda qu\u00e9 esperarme ni qu\u00e9 esperaban de m\u00ed.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 al d\u00eda siguiente, a las ocho de la ma\u00f1ana, hora de Ecuador. No me esperaba nadie a la salida. Recuerdo una vista sobrecogedora a las lomas del Pichincha y a las vallas monumentales de Movistar. Vaya primera impresi\u00f3n. Avanzaba por la acera y no me esperaba nadie m\u00e1s que unos taxistas proponi\u00e9ndome llevar a quien sabe donde. \u201c\u00bfTaxi?\u201d me preguntaban continuamente. Segu\u00eda avanzando hasta la salida internacional, en donde no me esperaba nadie. Ten\u00eda el n\u00famero de tel\u00e9fono de Emilia en el bolsillo (por si acaso, pens\u00e9 al anotarlo ah\u00ed). Buscaba una cabina de esas que hab\u00eda en Francia en aquella \u00e9poca, pero no encontr\u00e9 nada. Solo vi un caf\u00e9 de internet, y ah\u00ed me di cuenta que tambi\u00e9n ten\u00edan cabinas. Dud\u00e9 un rato antes de instalarme en el taburete de la cabina y marcar el n\u00famero. Luego marqu\u00e9 el n\u00famero y una voz desconocida me indic\u00f3 que el n\u00famero no exist\u00eda. Sal\u00ed a preguntarle al vendedor c\u00f3mo se marcaba (ten\u00eda el n\u00famero de tel\u00e9fono con los c\u00f3digos internacionales). Volv\u00ed a marcar y esta vez funcion\u00f3.<\/p>\n<p>\u201c\u2014\u00bfAl\u00f3? Escuch\u00e9 al otro lado del tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>\u201c\u2014\u00bfEmilia? Soy\u2026 Soy Sebasti\u00e1n\u2026<\/p>\n<p>\u201c\u2014\u00a1Sebasti\u00e1n! Perd\u00f3name, estoy en camino. Me cogi\u00f3 el tr\u00e1fico. Llego en diez minutos, estoy por ah\u00ed cerca. No te preocupes. \u00a1Nos vemos!\u201d<\/p>\n<p>As\u00ed termin\u00f3 la conversaci\u00f3n. Entonces volv\u00ed a las llegadas internacionales, ubiqu\u00e9 un banco y me sent\u00e9, con mis dos maletas de guardaespaldas. Esper\u00e9 a Emilia sin saber qu\u00e9 creer o pensar. Creo que hasta pens\u00e9 que no llegar\u00eda. Y luego estaba ah\u00ed, hundida en sus bufandas (por el fr\u00edo), con los ojos protegidos por sus gafas (panor\u00e1micas). Recuerdo haberme fijado sin poder moverme, ni para adelante ni para atr\u00e1s. Me mor\u00eda por ver sus ojos pero se neg\u00f3 a retirar las gafas. Quer\u00eda abrazarla pero no pod\u00eda moverme, y ella me abraz\u00f3. Insist\u00ed en quererle quitar las gafas, pero se neg\u00f3 nuevamente. Empez\u00f3 a faltarme el aire.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfVamos al auto?\u201d me dijo. Asent\u00ed. En este momento y en el de antes, hab\u00eda perdido todo control sobre m\u00ed. Ignoraba lo que me estaba pasando. Me sent\u00eda culpable por no haberla saludado como quer\u00eda hacerlo, porque era mi amiga. Por eso me faltaba el aire, por eso cada paso se me hac\u00eda pesado.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfSubes tus maletas al auto?\u201d pregunt\u00f3, y eso hice. Se me derret\u00edan los brazos con el esfuerzo de subir las maletas. \u201c\u00bfC\u00f3mo est\u00e1s?\u201d le respond\u00ed, en un intento de corregir la actitud que seg\u00fan yo era la peor afrenta que le hab\u00eda impuesto a alguien en mi vida, una actitud que estaba echando abajo toda la relaci\u00f3n amistosa (y quien sabe qu\u00e9 m\u00e1s) que hab\u00edamos ido construyendo a lo largo de los meses que pasamos intercambiando.<\/p>\n<p>\u201cBien, es un lindo d\u00eda hoy\u201d asever\u00f3, con una tristeza patente en la voz. Y entonces subimos al auto, ella de copiloto y yo de ch\u00f3fer. \u201cCreo que no te salud\u00e9 como te mereces\u201d continu\u00e9. Quer\u00eda a toda costa reparar mi error. \u201cTe debo un abrazo. Me he bloqueado, me ha impresionado conocerte. Lo siento, \u00bfme perdonas y empezamos de nuevo?\u201d fue lo que le dije, y lo que me respondi\u00f3 casi me hizo entrar en p\u00e1nico.<\/p>\n<p>\u201cTal vez, ya veremos\u201d contestaste, con una voz de desaf\u00edo. Entonces arrancamos, salimos del parqueadero y nos encaminamos a su casa. Me hizo pasar por unas calles muy empinadas y se sorprend\u00eda con mi cordialidad con los dem\u00e1s usuarios de la v\u00eda. Como se hac\u00eda en Francia, dejaba pasar a los peatones, ced\u00eda el paso a los taxistas y no rebasaba por la derecha.<\/p>\n<p>El taxi que nos llevaba la delantera se detuvo abruptamente, oblig\u00e1ndome a hacer una maniobra de emergencia. Apenas un cuarto de segundo antes me dispon\u00eda a darle un beso en la mejilla a Emilia, quien, d\u00e1ndose cuenta del frenazo del taxista, vir\u00f3 la cabeza hacia m\u00ed a la par que yo frenaba. Nuestros labios se encontraron por accidente, pero debo decir que fue el accidente m\u00e1s afortunado de mi vida. Podr\u00eda decirse que en ese preciso instante mi vida cambi\u00f3, aunque para ser totalmente franco no ten\u00eda la menor idea de ello.<\/p>\n<p>Como estaba un poco cansado de manejar por la ciudad del caos, Emilia propuso que par\u00e1ramos en un centro comercial a disfrutar unos jugos, que, seg\u00fan dec\u00eda, era toda exquisitez en un local cuyo nombre no recuerdo. Lo que s\u00ed recuerdo es que fuimos a un peque\u00f1o centro comercial llamado\u00a0<em>Quicentro<\/em>. Emilia me pregunt\u00f3 qu\u00e9 jugo iba a pedir, y con la cantidad de opciones de frutas extra\u00f1as para m\u00ed, ten\u00eda que pordiosear el significado de las palabras que le\u00eda, que nunca antes hab\u00eda escuchado, refiri\u00e9ndose a frutas que eran a\u00fan m\u00e1s desconocidas para m\u00ed. Le contest\u00e9 a Emilia que me pidiera lo que ella tomar\u00eda, con lo que, si mal no me acuerdo, terminamos bebiendo a sorbos jugo de naranjilla (su fruta favorita, seg\u00fan me hab\u00eda contado en alguna ocasi\u00f3n).<\/p>\n<p>Mientras volv\u00edamos al auto, tom\u00e9 a Emilia de la mano de una forma ajena a lo normal. En vez de entrelazarnos los dedos, le tom\u00e9 la mano como si fuera a darle un apret\u00f3n, y caminamos as\u00ed un buen rato, cogidos de las manos. Luego partimos rumbo a su casa y unos quinientos metros antes de llegar paramos a observar la panor\u00e1mica que se nos ofrec\u00eda de la ciudad de Quito, desde las alturas de las lomas de Monjas. Al llegar a casa, estaba tan cansado que pronto entr\u00e9 en un sue\u00f1o profundo, comparable al coma, del que no me despertar\u00eda sino m\u00e1s de diecis\u00e9is horas despu\u00e9s.<\/p>\n<p><strong>III. Dos palabras juntas<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. 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